En medio de la creciente digitalización, los repartidores de periódicos en Monterrey siguen manteniendo viva una tradición que, aunque parece en desuso, sigue siendo esencial para miles de lectores. A pesar de la reducción en la producción de noticias en papel, profesionales como Oraida Ortiz, con ocho años de experiencia, continúan entregando las primeras páginas de los medios locales en puntos estratégicos de la ciudad, como un crucero de la avenida Fundidora. Su labor no solo implica distribuir información, sino también construir relaciones personales con las personas que reciben los diarios.
Oraida Ortiz, quien ha trabajado en el sector desde 2015, describe su rutina como una mezcla de responsabilidad y conexión humana. Cada mañana, antes del amanecer, recorre las calles de la zona metropolitana para asegurar que los periódicos lleguen a tiempo. «Saludo a cada persona, me acuerdo de sus nombres y a veces hasta intercambiamos un par de palabras», explica. Esta interacción, aunque sencilla, refleja un aspecto que la tecnología no puede replicar: la presencia física y el trato directo que muchos lectores valoran, especialmente en un contexto donde la comunicación se ha vuelto más impersonal.
El oficio de repartidor de periódicos enfrenta desafíos constantes debido al auge de las noticias en línea y la reducción de lectores que prefieren consumir información a través de dispositivos móviles. Sin embargo, en Monterrey persisten al menos 200 empleos en este sector, según datos de la Asociación de Empresarios de Prensa. Aunque la demanda ha disminuido, los medios locales aún mantienen cierta producción de papel para satisfacer a audiencias que no tienen acceso a internet o que prefieren la experiencia táctil de un diario. Además, algunos negocios y vecinos de zonas periféricas dependen de estos servicios para mantenerse informados.
La persistencia de este trabajo también se debe a la lealtad de lectores que ven en los periódicos una fuente confiable de noticias locales. En un momento donde la desinformación y las noticias falsas son un problema global, la entrega de información verificada en papel puede representar una garantía para ciertos grupos. Sin embargo, expertos advierten que el futuro de este oficio es incierto. «Si no hay una estrategia para modernizar el sector, muchos de nosotros podremos desaparecer», afirma Oraida, quien ya ha notado una disminución en la cantidad de periódicos que reparte en comparación con hace cinco años.

